Una fiesta de los ochenta se resuelve con dos cosas: un look que se reconozca a la primera y ganas de exagerar. Estas ocho ideas reparten música, cine y videojuegos de la década, y no van ordenadas de mejor a peor. De cada una te digo qué piezas hay que reunir, para quién funciona y qué tiene de incómodo, porque hay dos que se ven desde la puerta y no dejan sentarse en toda la noche.
Rockero punk

Camiseta negra sin mangas con tachuelas, pantalón ajustado, cinturón de remaches, pañuelo rojo atado a la frente y melena larga. Es el look ochentero que menos explicación necesita y el que mejor aguanta fuera de una fiesta temática: vale igual para carnaval o para una despedida. La melena hace la mitad del trabajo, así que si no la llevas propia cuenta con una peluca. Sin ella y sin actitud se queda en ropa negra.
El más versátil de la lista: funciona igual en una fiesta ochentera que en un carnaval cualquiera.
Si prefieres que te identifiquen con alguien concreto y no con un género musical, el pop de los ochenta lo pone más fácil.
Cantante pop de los ochenta

Camiseta blanca lisa, chaqueta negra de cuero sintético, gafas de aviador, guantes y peluca rubia cardada. Es el disfraz que se monta con menos decisiones: casi todo va en el mismo conjunto y lo que falta ya lo tienes en el armario, unos vaqueros negros y poco más. Se reconoce al instante entre quien vivió la década; a los veinteañeros de la fiesta igual tienes que contarles quién era.
Para quien quiere el mínimo de piezas sueltas y ninguna prueba de vestuario.
Del pop de radio al rock de estadio: hay un look de los ochenta que se reconoce incluso de espaldas.
Leyenda del rock

Chaqueta amarilla de corte militar con galones, pantalón blanco con franja roja y bigote poblado: el guiño evidente al concierto de Wembley del 85. Probablemente el disfraz más reconocible de la lista, y no hay nadie en la sala que no lo pille. Pide compromiso, eso sí: el bigote y el puño en alto son la mitad del personaje. Si eres de los que se disfrazan a medias, salta al siguiente.
El más reconocible de todos, siempre que estés dispuesto a interpretar el papel toda la noche.
Del escenario a la pista de despegue: el cine de acción de los ochenta dejó un uniforme que todavía se lleva sin parecer un disfraz.
Aviador estilo Top Gun

Mono verde militar de manga larga, cremallera frontal, parches en el pecho y en los brazos y botas negras. Es el más discreto de la lista y ahí está su gracia: pasa por ropa hasta que alguien se fija en los parches, así que puedes cenar antes sin ir dando explicaciones. Unas gafas de sol de aviador rematan la idea y se compran aparte. El punto flojo es de lejos y con poca luz: parece un mono de trabajo cualquiera.
Para quien quiere ir disfrazado sin sentirse disfrazado durante toda la noche.
En el extremo contrario está el disfraz que ocupa medio pasillo y se ve desde la puerta de la calle.
Fantasma verde hinchable

Un fantasma verde enorme, boca abierta y brazos regordetes, que se lleva encima de tu ropa de calle. Es la idea que más ruido hace de las ocho: entras y se gira la fiesta entera. También la más incómoda. Los hinchables van con ventilador a pilas, así que llevas un zumbido de fondo toda la noche, no cabes en un sofá, el baño es una aventura y bailar con él es deporte. Elígelo solo si el local es amplio y no piensas sentarte.
Máximo impacto, mínima comodidad: compensa en una fiesta grande y no compensa en un piso.
Si quieres reírte igual pero poder sentarte, el músculo de mentira sale mucho más barato en incomodidad.
Ex-soldado estilo Rambo

Camiseta beige con la musculatura acolchada, pantalón de camuflaje deshilachado, cinta en la frente y unas rayas de pintura en la cara. El chiste está en el contraste entre los pectorales de espuma y quien los lleva, y se sostiene solo. Se pone en un minuto y no estorba en toda la noche. Cuidado con los accesorios de arma de juguete: muchos locales no los dejan entrar y por la calle es mejor no sacarlos.
Risa fácil y montaje rápido, si te llevas bien con el chiste sobre tu propio físico.
Del músculo al arcade: los ochenta también se reconocen sin ninguna película de por medio.
Comecocos Pac-Man

Un cuerpo redondo amarillo con la boca abierta impresa, guantes blancos de dibujo animado y, debajo, camiseta y pantalón negros tuyos. Lo entiende todo el mundo, de los abuelos a los críos, y es raro coincidir con otro en la misma fiesta. A cambio, ocupa: llegar a la barra entre la gente es una maniobra y sentarte, otra. Funciona si la fiesta es de estar de pie y hacerse fotos.
La idea menos repetida de la lista sin dejar de reconocerse a la primera.
Cerramos con el único de la lista pensado para llevar con falda, y el que mejor aguanta una noche entera de baile.
Bailarina ochentera de vestido rosa

Vestido rosa de tirantes con falda de vuelo y cinturilla de encaje blanco, medias de rejilla y melena rizada con volumen. Es el vestido de la protagonista de Dirty Dancing, y su ventaja es justo esa: mientras media fiesta va de Madonna, tú vas de la otra cosa. Se baila con él sin pelearte con la ropa, no lleva peluca ni maquillaje que se corra. De lejos no llama la atención; es un disfraz que se reconoce de cerca, cuando alguien ata el vestido con la película.
El más cómodo para bailar toda la noche y el que menos se repite en una fiesta ochentera.